Y te cuesta darte cuenta de
que si quizás me dijeses alguna
vez por qué yo y no ella, ahorraría
en dolores ahogados, lágrimas amargas
y dardos envenenados. Quizás aún no
has intentado probar a consolarme, quererme
y susurrarme, antes que molestarte. Ese
día tal vez cambiará. No sé cuándo
ni cómo, pero lo hará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario