Te quiero, sin más.

Adoro tu mirada perdida
esperando por algo,
tu pelo sin gomina despeinándose
cuidadosamente, la sonrisa pícara
cuando pensamos lo mismo,
que salte tu nombre en el chat,
que escondas la cara en la almohada
en la mañana con gracia para hacerme reír,
nuestras conversaciones subidas de tono,
tus bermudas, las mordidas en el
hombro, e incluso las venas de tus manos,
tus labios en mi cuello como una
declaración de intenciones, los
masajes en los pies y hasta tu forma de pensarme.

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