Mi promesa a cambio de tu lealtad.

Sí, puede que tal vez sea un poco controladora;
me acuesto los viernes agotada ya por la
hora que es, sin desmaquillarme; mis enfados tardan
en irse de manera inversamente proporcional
a como vienen; los domingos me los paso
 comiendo y también es el día en que más desordenado
tengo el cuarto; luego de enfadarnos me callo;
soy muy impulsiva; tardo en arreglarme; soy
casi tan despistada como patosa...
A pesar de todo te quiero. Sé que no es
suficiente, pero es lo único mejor
que te puedo ofrecer.

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