De repente, con los últimos resquicios
del verano.
Con tu cabezonería y
tu perfecta imperfección.
Te instalaste ya,
fundiéndote con los colores
de las tardes que anunciaban entonces
un nuevo verano por llegar.

ESCONDIÉNDOTE SIEMPRE
EN CADA DETALLE, JUGANDO
A SER EL VIENTO.
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