De lo que cuesta hacer una coraza de presente para que no irrumpa el pasado.

Lo guardaré. Lo guardaré en el
fondo más profundo de mi alma, de
 mi ser y de mi silencio. Lo
 guardaré hasta que queme, hasta
 que arda por dentro. Lo guardaré
 porque de nada sirve hablar, de
nada sirve discutir más. Nada
 me podrá hacer entrar en razón, pero
 a ti menos. Nada me podrá hacer ver
 que no soy ni seré la única que te
pueda decir que eres el mejor, tampoco
 la única que se siente en tus piernas, ni
la única que te rodee con los brazos, tampoco
 la primera en saber algo importante, ni la
 primera en consolarte, si quiera la primera
 que te dé las buenas noches.
Pero a pesar de ello me queda pensar
que soy la que mejor lo hace.

Cúantas.

Tantas veces te
he pedido lluvia para
calmar estas cenizas.

Lento, lento, lento.

Cómo ardes
en los labios,
cómo dueles en la piel.

Porque sí, porque no.

Soltarte el pelo
oprimida en la coleta, con
la música a tope, y que la brisa
 se lleve todo lo que asusta.

Mi promesa a cambio de tu lealtad.

Sí, puede que tal vez sea un poco controladora;
me acuesto los viernes agotada ya por la
hora que es, sin desmaquillarme; mis enfados tardan
en irse de manera inversamente proporcional
a como vienen; los domingos me los paso
 comiendo y también es el día en que más desordenado
tengo el cuarto; luego de enfadarnos me callo;
soy muy impulsiva; tardo en arreglarme; soy
casi tan despistada como patosa...
A pesar de todo te quiero. Sé que no es
suficiente, pero es lo único mejor
que te puedo ofrecer.